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Filosofía en Cádiz

7 de febrero de 2026

Manuel Cruz publica una reseña de "Tras la autoestima" en el suplemento cultural de La Vanguardia

Acaba de publicarse en Cultura(s), 7-2-2026, p. 6, suplemento cultural de La Vanguardia, una reseña del libro de Francisco Vázquez, Tras la autoestima. Variaciones sobre el yo expresivo en la modernidad tardía (Madrid, Dado Ediciones, 2025). Su autor es el filósofo español Manuel Cruz, catedrático de filosofía de la Universidad de Barcelona.

Reproducimos la reseña a continuación

Claves para entender el yo

Manuel Cruz. 

Suplemento cultural de La Vanguardia, 7 de febrero de 2026

“Yo soy una persona a la que le gusta hablar de mí”. He aquí una afirmación relativamente habitual en nuestros días y que, si Zenón levantara la cabeza, consideraría como una más de sus célebres paradojas. En efecto, desde que el mundo moderno decidió poner al hombre en el centro, en pocos momentos históricos como en el presente el concepto de sujeto ha sido tan baqueteado y, al mismo tiempo, ha tenido mayor presencia. Es en cierto modo a analizar esta paradoja a lo que el catedrático de Filosofía en la Universidad de Cádiz Francisco Vázquez se aplica en su estimulante Tras la autoestima, colofón de una investigación iniciada en el 2005. Pocos empeños ciertamente más relevantes que este en el presente momento.

Como relevante es la perspectiva adoptada por el autor, el cual, lejos de distraerse con la espuma de las formas que adopta la identidad en el mundo actual, apunta al corazón del asunto, a lo más digno de ser destacado. Que no es otra cosa que el carácter estructural de determinados procesos sociales, en concreto aquellos que podríamos considerar como los principales moduladores de la subjetividad.

Ello no quita para que podamos constatar que tales procesos pueden haber ido experimentando cambios, cuantitativos y cualitativos. Es el caso de determinadas prácticas y comportamientos, que han pasado a formar parte de la nueva normalidad (como las plataformas digitales de citas románticas), o de la exasperación de ciertas actitudes, que han terminado dando lugar a auténticas mutaciones, imprevisibles en un primer momento (Eva Illouz, a quien Vázquez presta mucha atención en el tramo final de su texto, ha estudiado tales mutaciones en la manera de entender y vivir el amor en nuestros días). Asimismo, nada de lo expuesto resulta contradictorio con aceptar el surgimiento de nuevas subjetividades. Quizá el caso más destacado, por la enorme incidencia que está teniendo últimamente en el debate político, sea la irrupción en el espacio público de los sujetos LGTBIQ+.

Pero si ninguno de estos aspectos afecta al fondo del asunto es porque en el libro se coloca el foco de la atención sobre una cuestión previa, en cierto modo constituyente, la del análisis de las diversas formas de producción de subjetividad. Lo que es como decir que el debate de ideas hoy pertinente no se debe plantear, como algunos pretenden, entre diversos tipos de sujeto, sino entre las diferentes maneras de producirlos, de hacerlos posibles. Es ahí donde reside la clave del asunto y donde se dilucidan las funciones —buenas y malas— que puede cumplir la identidad.

A lo que estamos asistiendo, además de a la irrupción de nuevos sujetos, es a la producción masiva de identidades ficticias al servicio, en algunos casos, de un mayor consumo y, en otros —los peores—, de la más plástica manipulabilidad política. ¿Qué otra cosa son, volviendo a Zenón, esos sujetos producidos en serie que todo el tiempo alardean de su condición de irrepetibles y especiales?

Manuel Cruz