Filosofía y Guerra Mecanicismo y teleología político-filosófica en Kant. En: La furia de Marte: ideología, pensamiento y representación / coord. por Juan Ramón Cirici Narváez Árbol académico, Alberto Ramos Santana Árbol académico, 2012, ISBN 978-84-9828-358-7, págs. 135-145
Es conocida la vinculación que aparece en la filosofía moderna entre el mecanicismo y la teoría política (para empezar, en Hobbes). En este trabajo vamos a analizar cómo Kant entiende esta vinculación. Para ello vamos a centrarnos en los siguientes aspectos:
a) político-jurídico.- Primero ha de pensarse el régimen jurídico de la guerra, qué tiene que ver con el derecho. Más concretamente, cómo se ha pensado el estado de naturaleza y sus mecanismos ciegos en relación con la constitución de los estados como sociedades que se sostienen gracias al derecho. Los discursos modernos sobre el origen del Estado necesitan de una situación inicial cuasi-mecánica para poder sostener un régimen que pueda entenderse como genuinamente político. Sin embargo, Kant dará todavía una vuelta más a esto, y dirá que la violencia y el mecanismo originarios son en verdad algo natural, físico, pero que pertenece a la propia dinámica de la naturaleza que sólo puede pensarse teleológicamente.
b) histórico-racional.- En el fondo de la interpretación mecanicista de la política se encuentra una particular aversión al historicismo. La razón tiene que pensarse en camino, si se quiere incluso en progreso, pero no a cuenta de una providencia, que suprimiría la necesaria libertad que la constituye. Frente a este determinismo (que convenimos en llamar historicismo), cierto mecanicismo se hace inevitable. En el fondo, es la misma necesidad que tiene la razón de la matemática: para afirmar su inalienable finitud. La vida necesita de la resistencia de lo inerte.
c) filosófico-política.- La misma dinámica se puede encontrar en la propia filosofía, concretamente en su historia, en la que cierta guerra es inevitable como sostén de la propia actividad filosófica. También cabe reconocerla en los beneficios físicos que la filosofía tiene para la vida. Y, por último, en el respecto filosófico-político, el respecto que Kant llamó «conflicto de las facultades», pues sólo podrá pensarse libremente si se sostiene un espacio libre y exterior en el que puedan encontrarse, hasta cierto punto mecánicamente, las distintas opiniones. El espacio de la publicidad y del uso libre (por de pronto sin impedimentos) de la razón.
