“Perfiles de Canguilhem en la obra de Foucault. ¿Una lectura epistemocéntrica?”
Referencia completa: Vázquez García, Francisco: “Perfiles de Canguilhem en la obra de Foucault. ¿Una lectura epistemocéntrica?”, en VILLACAÑAS, J. L. y CASTRO, R. (eds.): Foucault y la Historia de la Filosofía, Madrid, Dado Ediciones, pp. 225-254
El texto recoge la intervención de Francisco Vázquez en el IV Congreso Internacional «La actualidad de Michel Foucault», celebrado en Madrid en mayo de 2016.
Si hubiera que asignar a Foucault un “maestro”, según la convención que organiza la vida filosófica en “escuelas”, este sería sin duda Georges Canguilhem. La relación entre ambos pensadores y el contraste de sus propuestas teóricas han sido glosados por una abundante bibliografía .
En mi trabajo no pretendo volver a recorrer esos senderos. Se trataría más bien, por un lado, de dilucidar los perfiles que singularizan a Canguilhem en la peculiar versión de la historia de la filosofía derivada de las intervenciones de Foucault. Como ha señalado Pierre Macherey , los sujetos filosofantes que desfilan en los textos arqueogenealógicos de Foucault no son individualidades biográficas. Se trata de nombres propios que permiten identificar regímenes discursivos sobre los cuales no poseen ningún derecho de propiedad. En esa estela se inscriben las reflexiones desarrolladas en Archéologie du savoir (1969) o en la conferencia coetánea titulada “Qu’est-ce qu’un auteur?” (1969) En ese registro, el nombre de Canguilhem aparece asociado para Foucault con una tradición francesa de epistemología e historia de las ciencias. El efecto filosófico de los trabajos publicados bajo ese nombre, encuadrados en la modestia de análisis muy precisos y delimitados (sobre la nociones de “reflejo” o de “célula”, sobre el nacimiento de la bacteriología o de la fisiología), se habrían dejado sentir en la gestación, a partir de los años sesenta, de corrientes caracterizadas por la ruptura con la filosofía del sujeto, dominante en el universo intelectual francés desde la recepción de la fenomenología en la década de 1930. El desarrollo del marxismo althusseriano, de la escuela lacaniana, de la sociología de Bourdieu y Passeron o de los propios análisis arqueogenealógicos, habrían recibido un impulso decisivo de la labor discreta emprendida por Canguilhem. Sin duda, leer a Foucault como “historiador de la filosofía”, es un acto legítimo, pero no deja de ser una empresa un tanto forzada, que apunta a diferenciar, a depurar, en las actuaciones híbridas de Foucault, la presencia de textos, corrientes y autores que la academia encuadra dentro del canon filosófico. Esta empresa que responde más a las exigencias de la filosofía universitaria que a las propias intenciones del proyecto intelectual foucaultiano.
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