"Políticas del Burdel en la España Contemporánea. De los proyectos ilustrados a la prostitución reglamentada" (en coautoría con Andrés Moreno Mengíbar)
Referencia completa: Vázquez García, Francisco y Moreno Mengíbar, Andrés: «Políticas del Burdel en la España Contemporánea. De los proyectos ilustrados a la prostitución reglamentada», Cuadernos de Ilustración y Romanticismo, vol I (1991) (CADIZ), pp. 55-77
¿Qué medidas deben adoptar las instancias pública~ ante el problema de la prostitución en las sociedades de capitalismo avanzado?; ¿a qué racionalidad política tiene que obedecer toda posible intervención en este dominio? La conversión reciente del ejercicio de la prostitución en ámbito de elevado riesgo social (el SIDA y una saturada drogadicción acompañan a las amenazas más tradicionales de las enfermedades venéreas y la trata de blancas), la promoción de un feminismo de Estado desde los mismos órganos de la administración, han vuelto a poner sobre el tapete la
necesidad de un debate nacional sobre la prostitución. Tolerada por las sociedades democráticas la libre disposición del propio cuerpo, las leyes no prohiben esta práctica milenaria, pero las instituciones y la opinión pública contribuyen paralelamente a perfilar la figura de la prostituta, presentada casi como una «menor», sometida a implacable explotación, psíquicamente perturbada, objeto de asistencia y reinserción social. En esta zona de riesgo que reina en las esquinas y en los aledaños de las carreteras, la asistenta social, el psicólogo, el sociólogo, el experto en reeducación, encuentran terreno abonado para ejercer sus funciones y poner a prueba su saber. Por su parte la prostituta, asumiendo y denunciando a la vez el peculiar emplazamiento al que se las ha destinado, haciéndolo funcionar contra el «humanismo» protector de sus nuevos redentores laicos, afirma incluso sus propias funciones de asistencia sexual y apoyo psicológico (minusválidos, ancianos, etc) y ensaya de forma esporádica tentativas de vertebración sindical.
La comprensión de este panorama, bien surtido de paradojas, ambivalencias y contradicciones, toscamente indicado aquí, la necesidad de debatir públicamente la supuesta política futura ante la prostitución, exige la necesidad de determinar la inteligibilidad de la situación presente, de las evidencias en curso sobre el problema; esto implica realizar un indispensable análisis de la formación de esa coyuntura.
Una aproximación «genealógica», en el sentido que dan a este término autores como M. Foucault, R. Castel o J. Donzelot, y en España los trabajos de J. Varela y F. Alvarez Uría, requiere entandes responder a tres interrogantes:
a) ¿Qué modos de acción se han estipulado, y según qué reglas se ha gobernado en España el problema de la prostitución?
b) ¿A qué patrones de racionalidad, a qué tipos de saber (preceptos religiosos, representaciones teológicas, doctrinas filosóficas, postulados médicos, teorías de las ciencias humanas, concepciones jurídicas o pedagógicas) se han ajustado en nuestro país las diferentes técnicas de intervención?
c) ¿Qué tipos de subjetividad han sido adscritos a la prostituta a partir de esos modos de acción y de esas formas de saber?
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